viernes, 10 de marzo de 2017

El Amor entre Epecuén y la princesa de Carhué


El Tuvicha Epecuén y su Eterno Amor
El Amor entre Epecuén y la princesa de Carhué

Un pequeño Indio quedó perdido en las cálidas e inmensas Pampas una tarde de verano. Tan cálidas que los pastos se convertían en hogueras.
Ese abrazador calor tostó el rostro del niño, que cuando lo rescataron sus mayores lo bautizaron Epecuen  (casi quemado).
Ese tostado, lo hizo muy curtido y de un valor sin igual.  A medida que fue creciendo era cada más fuerte y gran cazador. Él no le tenía temor a nada, no le importaba ni atemorizaban los climas más extremos. Ni las frías noches, ni las cálidas tardes del desierto. Él tenía una gran energía interna, seguramente acumulada en esa tarde cuando niño en el desierto. El Sol se había metido en sus venas, era un verdadero Guerrero del Sol.
Su atractivo rosto y valentía, hacía que todas las mujeres se enamoraran de él. De esos amores nacieron cientos de fuertes guerreros.
Un día, salió a cazar, a un hermoso Lugar Verde (Carhué), un verdadero oasis en el desierto, lleno de cervatillos y gallináceas. Allí una bella princesa, lo vio. Ella era, Tripantu, había nacido una noche, en el solsticio de invierno,  de inmensa Luna Llena. Muy temerosa, ella se escondió entre los pastizales. No dejaba de observarlo.
Ella, quedo ciega de amor ante tanta belleza. Lo que provocaba que la bella Tripantu, en sus momentos de soledad, llorara todas las noches, con la Luna de testigo solamente. Sus lágrimas generaron un gran lago en una hondonada. Sus aguas, cristalinas, de una transparencia y pureza sin igual, pero saladas, señal de su dolor. Eran su limpieza, su purificación interior.
Un día el gran guerrero, fue mordido por una serpiente de cascabel, en aquel bosque. El veneno, se iba apoderando de Él. Iba generando continuas alucinaciones. En esas pesadillas, recreaba una triste escena, veía llorar a la princesa. A quién desconocía hasta ese momento.
La noche se iba apoderando del cielo, él desea encontrarla. Él deseaba amarla aunque sea por única y última vez.
Su fuerza, sus  energías, lo hacían avanzar, gateando sobre la pradera que era una árida alfombra, hasta llegar al lago, que había generado las lágrimas de la doncella. Tenía sed, quería apagar ese fuego interior. Aquel de niño que le había generado el sol, aquel que el veneno del reptil había introducido en él. Todo esto, hacía que la sangre circulara por sus venas en forma de vapor.
El agua salada, un gran espejo en la noche. Él la probó, la rechazó en primera instancia. Del fondo del lago apareció la imagen de la joven que le decía: “Bébela, bébela mi amor”. El bebió un sorbo y su delirio interno, hizo que se zambullera en el lago, como queriendo  amar a la bella mujer.
Esas lágrimas depositadas en el lago, la habían convertido en una fuente de sanación. Tenían, las mismas energías que aquel sol le había aportado de niño.
El Sol, lo habían convertido en guerrero. El lago lo sanó y quitó ese veneno interior y lo convirtió en un hombre romántico.
Recuperado,  fue a buscar su último y eterno amor. Cuando la encontró, le juró cuidarla hasta sus últimas fuerzas. Esas aguas y ese amor, generaron en él un gran pensador y un ser lleno de sentimientos.
Juntos, se fueron a vivir junto al lago en una pequeña casa de adobe y paja, que construyeron con sus manos.
Ambos, se encomendaron a proteger dichas aguas, para curar a toda la comunidad. Cada miembro de la comunidad que era sanado, debía plantar un árbol en sus orillas, como señal de agradecimiento y para generar un gran fuerte natural para proteger dicha fuente de Vida.

También, proclamaron a viva voz, que castigarían a todos aquellos que no cuidaran ese Paraíso de Sanación. Que dichas aguas crecerían y crecerían, tapándolo todo. Esas aguas serían las lágrimas del pueblo que caerían del cielo.
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El Río Salado

El Río Salado

Capítulo 1º

Las Venas del Tuvichá Mirim

Naces en Fe Santa y lagrimas del llanto del Quinto y surcas las Pampas, todas tuyas como siempre lo fueron, de ellas a ti las aguas llegan y te hacen fuerte y crecer, eres una marca en la llanura. Poderoso y conocido como gran cacique, dueño de todo.

Cuando las sequías, muestras tus grietas en la tierra como las arrugas de aquel emperador, señal del maltrato nuestro en el tiempo. Cuando las lluvias, abrazas a todas las gotas y a tu cauce las llevas, inundas y riegas y muestras tu joven fortaleza, cuando libre quieres ser cambias tu cauce derrumbando las tierras que te rodean.

Diques de hormigón hoy te construyen para detenerte, como aquellos Fortines de tronco, pero tu sangre sufriente, fuerza y pasa, porque siempre libre quieres ser y llegar a la Bahía de Samborombón descansar, para mezclarte con la inmensidad del mar y hasta el África llegar y vaya a saber qué Consejo liderar.

Tú, Tuvichá Mirim, el rey de nuestras Pampas, siempre vivirás por más que le pongan nombre blanco Sal en la actualidad, hoy sos la sangre del trigo y el maíz y enfrentas al girasol con el Sol. Las Aves del Señor en tus brazos se apoyan para de ti beber lo que tus venas llevan, los arboles en tus orillas se elevan al cielo pidiendo una plegaria por vos, apretando sus raíces a nuestra Madre Tierra.

El río es reflejo del Tuvichá Mirim quien lo recorrió mucho tiempo y vivió en sus orillas, tiempos en que todas las Pampas eran de ellos, nuestros pobladores originarios, el río es el reflejo de la libertad que fluye por la llanura , libre como lo era el poderoso cacique y su tribu.

Capítulo 2º

Las Arrugas del Gran Cacique de las Pampas***

Él sigue presente en estas tierras. El día en que se marchó físicamente ha dejado sus marcas en la tierra.
Hoy, la tierra muestra sus arrugas por tantos años pasados. Inviernos con heladas que formaron escarchas sobre ella, congelando la poca humedad existente.
Veranos nada benévolos que también dejan sus huellas resecando las hierbas, yuyos, arbustos y la misma tierra. Es seguro que estas grietas son tan profundas como el dolor sufrido por Tuvicha Mirim y su pueblo cuando partió.
Ese pueblo, mezclado en la tierra, sale de sus profundidades resquebrajando la superficie con el deseo de resucitar en cuerpo y alma nuevamente y expresar su grito de libertad.
Hoy se trasladan con los diferentes cursos de agua moldeando su llanura, su hogar eterno.
El agua los arrastra y los deposita en diferentes lugares, dibujando nuevos paisajes. Ellos sin lugar a dudas, son esa arquitectura polimorfa que construyen: crecen y luego vuelven a desaparecer o trasladarse, como nómade pueblo que fueron, a través de las ondulaciones de la llanura.
Se aferran a los árboles o sacan a relucir las raíces, como muestra de que sus venas se prolongan hasta las copas para respirar mejor y fortalecerse.
Caminos, puentes de madera o fierro, casas de ladrillo y hormigón, crecen y parecen afirmarse sobre la tierra. Pero ellos, desde abajo, fuerzan por respirar y salir latiendo fuerte y agrietando todo lo que se posa sobre la superficie.
Gritan “¡Estamos vivos! No habrá modernidad que pueda tapar tanta historia de nuestros antepasados”.
Socavando terraplenes como una eterna y silenciosa guerra de la naturaleza, de la que ellos fueron elemento esencial

Capítulo 3º

El Gran Tuvicha, Fecundando a la Reina Plateada

La Reina Plateada, hija del Emperador del Uruguay y la conquistadora Amante del Paraná, tiene en sus raíces sangre de todos los caciques de las tribus de nuestras tierras: Incas de Bolivia, Guaraníes del Paraguay, del Mato Groso, Charrúas y Quechuas, Diaguitas y Quilmes.
Tierras coloradas, negras, arcillosas circulan por sus venas arrastradas por los vientos y las copiosas o escasas lluvias de las zonas correspondientes.
Hojas y troncos de pinos, algarrobos, quebrachos, aromos y vaya a saber si algún resto de quewiña, también fortalecieron sus viviendas y calor le han entregado.
El sonido de su voz fue generado por la metamorfosis del canto de las maravillosas aves a las que ella da de beber y alimenta, desde el majestuoso cóndor hasta el veloz y ágil colibrí.
Pétalos de las más diversas flores la perfuman y la adornan con los más maravillosos colores que generan un arco iris alrededor de su bella silueta serpenteante.
Guardianes que la protegen de todo invasor, desde el norte al sur, desde el oeste al este, son los grandes felinos como el puma y el jaguar, alegres monos aulladores son su alarma. Virachos y ciervos, mulitas y tatú carreta, armados con sus cuernos y caparazones. Las serpientes atacan esparciendo su veneno si mucho te acercas, o los afilados dientes del imperial yacaré del Ibera. Y los cangrejos, te atrapan con sus pinzas.
Nuestro Tuvicha Mirim, bien conocen su origen en la sierras cordobesas, es el bravo Pampeano que amará a la Reina. Muy salvaje él, que no es detenido por ninguna barrera en búsqueda de su eterno amor.
Fuerza y fuerza su caminar, casi como arrastrándose por la llanura, esquivando árboles, hasta entrelazarse con la Reina Plateada. A la cual penetra y fecunda en Samborombón. Tan salada es su sangre, que deja su gen en la unión con el Dulce Mar del Plata. Y ambos mueren en la creación del inmenso guerrero Atlantis.